Hierve las patatas con piel. Cepilla bien las patatas (no las peles). Colócalas en una olla, cúbrelas con agua fría con sal. Lleva a ebullición y cocina hasta que estén justo tiernas al pincharlas, no blandas (20–25 minutos, según el tamaño).
Escurre y deja que se enfríen ligeramente.
Mientras aún estén calientes, pela las pieles (deberían desprenderse fácilmente). Corta las patatas en rodajas gruesas o trozos grandes, rústicos, no perfectos.
Calienta una cantidad generosa de aceite en una sartén amplia.
Añade las cebollas. Cocina a fuego medio hasta que estén suaves, brillantes y ligeramente doradas.
Añade el pimiento rojo a las cebollas. Cocina 2–3 minutos, solo hasta que se ablande.
Baja el fuego. Añade el pimentón y remueve rápidamente durante solo unos segundos para que se abra sin quemarse.
Añade las patatas en rodajas a la sartén. Mezcla suavemente todo para que queden cubiertas con el aceite de pimentón. Sazona con sal.
Déjalos cocinar de 5 a 8 minutos, dándoles la vuelta con cuidado, hasta que algunos bordes se doren ligeramente.
Prueba y ajusta la sal. Retira del fuego y espolvorea generosamente con perejil picado.