En un bol, combina la harina (o la mezcla de harinas), la sal y la levadura.
Añade el kéfir y la miel.
Remueve hasta que toda la harina esté hidratada. La masa quedará un poco pegajosa; es normal.
Cubre el bol con film transparente o una tapa. Colócalo en la nevera durante 12–24 horas. Cuanto más tiempo repose, más sabor desarrollará.
Precalienta el horno a 470°F (240°C) con una piedra para hornear o una olla de hierro tipo Dutch oven de 9 pulgadas (23 cm) dentro. Si no tienes ninguna, usa simplemente una bandeja de horno y precalienta al menos 30 minutos antes de hornear (si usas la piedra o la bandeja, coloca un recipiente pequeño con agua en la base del horno para crear vapor; la Dutch oven no lo necesita, ya que la tapa generará suficiente vapor).
Saca la masa de la nevera. Enharina ligeramente las manos y la superficie.
Dóblala suavemente hasta darle una forma redonda aproximada; no hace falta amasar.
Pásala a un papel de hornear. Haz cortes en el pan con una cuchilla de panadero o un cuchillo afilado.
Transfiérela con cuidado a la Dutch oven precalentada, a la piedra para hornear o a la parte trasera de la bandeja de horno.
Hornea 20–25 minutos tapado.
Retira la tapa y baja la temperatura del horno a 440°F (230°C).
Hornea otros 15–20 minutos sin vapor, hasta que esté dorado.
Déjalo reposar sobre una rejilla.